¿Qué se originó primero la vida o el alma?
La vida pertenece a una jerarquía viviente creada por una jerarquía de almas que se generó en el espacio-tiempo.
Las almas son cúmulos de información que se crearon en el espacio-tiempo, contribuyendo en la construcción evolutiva de este espacio.
Como las almas son cúmulos inmateriales de información que no ocupan lugar por mucha información que acumulen, por eso se pueden desplazar instantáneamente a cualquier lugar del espacio-tiempo. No existen ni como materia, ni como tiempo ni como dimensión, por eso pueden traspasar la materia y comunicarse con cualquier existencia del espacio-tiempo.
Gracias a las almas se posibilitó que en el espacio-tiempo surgiese la materia y la vida.
Dentro de la jerarquía universal de almas, la jerarquía más evolutiva de cada planeta donde pueda existir la vida creó su propia jerarquía viviente.
Origen del espacio-tiempo
Grandes acumulaciones de esencias repulsivas concentradas en puntos determinados por el orden universal originaron las estrellas, que mediante la energía calorífica transformarán las esencias repulsivas en atractivas. Creándose así un espacio de esencias atractivas llamado espacio-tiempo, que crecía sin cesar porque se saturaba constantemente de las esencias atractivas.
Hasta que se llegó a un límite en la creación de este espacio, en el que las extinciones de estrellas superan a los nacimientos de estas. Ya que como nacían tantas estrellas y habían infinidades de ellas, siempre habría una estrella que habría llegado a su límite de existencia en el mismo instante que nacía otra. Este equilibrio frenó el crecimiento del espacio-tiempo.
El universo es un orden porque está formado de esencias repulsivas semejantes entre sí que se multiplican sin cesar. Surgen de sí mismas como movimiento, multiplicándose instantáneamente y sin fin.
Es una multiplicación instantánea y sin fin, porque en la expansión global no existe el tiempo ni las dimensiones; y como se expanden donde no hay nada, la nada por ser nada no impone límites expansivos. Este orden repulsivo expansivo creó el espacio-tiempo.
En este trayecto evolutivo, las almas crearon la jerarquía de almas y después estas evolutivamente crearon la jerarquía viviente.
Esencias atractivas
Absolutamente, todo es movimiento, no lo digo solo yo, lo dicen muchos ilustres científicos, entre ellos Einstein.
Teniendo en cuenta que todo es movimiento, todo lo que se mueve tendría que adquirir un tiempo desde el que inicia su movimiento hasta que lo acaba. Pero no es así, porque en el cosmos, que está saturado de esencias repulsivas que se mueven repulsivamente sin cesar, en ellas no existe el tiempo. Porque para que exista el tiempo en algo, este algo debe ser un compuesto de existencias que se atraigan entre sí, para que gracias al movimiento sincronizado pueda ese algo transformarse en otro algo y este en otro algo y así sucesivamente. Pero, además, tienen que existir en un espacio donde todas las existencias se comporten de la misma manera. O sea, donde existan el orden y las atracciones entre existencias. Estas transformaciones ordenadas producen sucesivas transformaciones ordenadas llamadas tiempo.
Si las materias no se pudieran transformar, tal y como lo hacen en el espacio-tiempo, se deshacían como materia.
O sea, que para que exista el tiempo en algo, este algo requiere una transformación ordenada, y que esté sincronizada con todas las demás existencias del mismo espacio.
A estas transformaciones se les llama evolución, cuyo orden evolutivo se llama tiempo. Y solo pueden existir en el espacio-tiempo, fuera de este espacio no existe el tiempo ni la evolución.
Como las atracciones entre existencias sólo se pueden producir en el espacio-tiempo el tiempo solo existe en este espacio, no en el espacio oscuro ni en el resto del universo.
En el espacio-tiempo, cada individuo puede variar su tiempo variando su movimiento en un tiempo dado sin poder dejar de pertenecer al tiempo. El tiempo es como un río que nos arrastra con fuerzas hacia el mar. Podemos, en un momento dado, variar momentáneamente ese arrastre, ese tiempo, pero no por mucho tiempo. El arrastre de ese río es como el tiempo del espacio-tiempo, podemos modificarlo a través del movimiento, pero no por mucho tiempo.
Todo es existencia y movimiento
Todo en el cosmos es movimiento y existencia, porque la existencia es movimiento, pero no todo es tiempo.
Lo que se mueve es porque existe. Por consiguiente, todo es existencia y movimiento.
Todo el universo es un absoluto orden porque es un compuesto ordenado de más de lo mismo.
Como todo en el cosmos es movimiento y existencia a la vez, lógicamente el cosmos debió de surgir como movimiento y existencia a la vez, pero como la existencia es movimiento, entonces el cosmos tuvo que surgir como movimiento de la forma más mínima posible, y de esa forma solo se puede surgir de la nada.
Esa primera existencia universal que surgió de la nada como movimiento no podía dejar de moverse para poder existir. Debería de moverse en sí mismo con perfecto orden rotatorio, ya que era la única forma de poder existir y moverse rodeado por la nada.
No podía moverse desordenadamente ni de forma rectilínea, puesto que eso sería penetrar en la nada y en la nada no se puede penetrar porque la nada no existe.
Con lo cual, esa primera existencia dinámica surgió como orden, moviéndose en sí misma sin cesar de forma rotatoria.
Pero para poder construir un universo como el nuestro, tuvo que crecer mucho nuestro universo. La única manera de crecer era creando continuamente, de esa primera existencia, copias de sí misma. Las crea de sí misma en la nada y como no existen las dimensiones ni el tiempo, se multiplican sin fin.
Como nacen de la nada y entre ellas está la nada, sólo pueden nacer como esencias dinámicas repulsivas que no tienen más remedio que multiplicarse repulsivamente en un mismo espacio, porque fuera está la nada que no se puede ocupar porque no existe.
De esa forma se hizo un universo muy grande de sí mismo, porque no existía lo grande, y se hizo en un instante porque no existía el tiempo. El universo se generó en sí mismo, hacia dentro, como si fuese un agujero negro, y sigue produciéndose así sin fin. En esa creación ordenada, universal de esencias repulsivas se produjo el espacio-tiempo de orden atractivo, en el que gracias a este orden aquí existen las dimensiones y el tiempo.
Todas las existencias que nacían tenían que ser semejantes entre sí, pues era la única manera de nacer como la existencia más mínima posible. Esa era una forma de crecer rápida, ordenada y eficaz, y era la única forma posible, porque era una multiplicación constante de nuevos nacimientos, ya que de cada nacimiento surgían nuevos nacimientos semejantes entre sí, y así sucesivamente, de esa forma se crearía en un instante un gran universo.
Existencias dinámicas que se diferenciaban entre sí porque al nacer cada una así, con su indivisible espacio dinámico propio, nacen con su propia identidad propia.
Jerarquía universal
A esa jerarquía universal de almas sólo le hacía falta un inevitable pequeño paso evolutivo para poder crear la jerarquía viviente, y ese pequeño paso era evolucionar como jerarquía inteligente en la materia blanda, pudiendo así originar una jerarquía viviente unida a la jerarquía universal de almas. Este pequeño paso era inevitable porque era un paso evolutivo inducido por el orden evolutivo universal. Se estaba destinado a evolucionar así, porque con este orden dinámico se creó el cosmos.
Para poder hacerse realidad una jerarquía viviente, la jerarquía universal de almas tendría que continuar evolucionando como jerarquía inteligente. Para poder dominar la materia, cada individualidad jerárquica de la jerarquía de almas, debería pertenecer a una individualidad física viviente que debería pertenecer a su respectiva alma. Esta unión alma-vida produciría una evolución inteligente sin fin. Solo se puede evolucionar de manera inteligente lo máximo y lo mejor posible si se evoluciona como alma-vida. Este es el inevitable propósito evolutivo.
Para evolucionar como vida, estaba obligada a adquirir decisión propia que le proporcionara un psiquismo propio. De esos principios microscópicos vivientes nacería el psiquismo individual sin dejar de pertenecer a la jerarquía viviente y a su vez a la jerarquía universal de almas.
Desde ese origen, la jerarquía viviente evolucionaría cada vez más, ya que evolucionar sin fin es el propósito evolutivo. Evolucionando así las sensaciones y las correspondientes formas de vida; y como no, sus inteligencias y sus respectivas almas.
Únicamente puede existir una sola jerarquía viviente planetaria en cada uno de los planetas donde surja la vida, con sus correspondientes jerarquías de almas, que a su vez pertenecen a una sola jerarquía universal de almas, ya que todo en el espacio-tiempo pertenece al mismo orden evolutivo. Por eso, en el planeta Tierra no podían evolucionar dos jerarquías vivientes separadas.
El propósito evolutivo obliga a que en cada planeta donde exista la vida, sólo una especie viviente pueda evolucionar psíquicamente sin fin. Ya que no se puede evolucionar como jerarquía de otra manera, y evolucionar como jerarquía es evolucionar como inteligencia con orden y sin fin.
Cada entidad viviente, mediante las reencarnaciones, no podía morir porque eran yos psíquicos evolutivos, o almas evolutivas. Las cuales solamente podían transformarse en otro yo, o alma más evolutiva, a través de la jerarquía evolutiva universal de almas. Ocupando cada vida-alma, el lugar jerárquico que le correspondiese.
Autor: Salvador Sánchez Melgar
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