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| La vida en la Tierra: Fuente Pixabay |
El universo es un orden sin fin porque todo se ha originado de la nada, la cual es un absoluto orden sin fin.
Gracias a que el orden universal creó un espacio-tiempo para así poder continuar con su orden sin fin, todo en este espacio puede evolucionar dinámicamente con su correspondiente tiempo.
El cosmos se originó como orden de la nada y creció como orden; por eso todo lo que existe tiende al orden.
En el espacio-tiempo, absolutamente todo es una jerarquía, en la que todo se adapta jerárquicamente a una existencia jerárquica. Por eso nuestro planeta Tierra funciona como si estuviera vivo.
Todo en el espacio-tiempo se adapta jerárquicamente al orden universal. La casualidad no existe, todo tiene un porqué regido por el orden universal. Nuestro planeta se originó para que en él se originase la vida, como tantos planetas universales que se han originado para posibilitar la vida. Originar la vida era un paso evolutivo más de ese orden universal, cuyo orden sin fin necesitó evolucionar como inteligencia para perseguir ese fin, y evolucionar como vida era evolucionar como inteligencia. Eso no quiere decir que el orden universal tenga vida propia; eso significa que para poder continuar el orden sin fin era necesario hacerlo lo máximo y mejor posible. Llegar a ese fin era llegar a evolucionar como inteligencia, y para poder evolucionar como inteligencia se tenía que evolucionar como vida.
Todo en nuestro planeta está dispuesto evolutivamente para que la vida evolucione correctamente. Las formas de la Tierra, su adecuada rotación, su adecuada distancia al Sol, etc., forman juntas una gran coincidencia que parece hecha a conciencia.
La Tierra se comporta como si tuviese vida propia porque está jerárquicamente hecha para la vida, y muchas transformaciones terrestres se producen conforme a la adaptación viviente.

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