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| Evolución inteligente: Fuente Pixabay |
1. El yo o identidad propia, el movimiento y el tiempo
2. No todo lo que se mueve posee tiempo
3. El universo surgió como orden repulsivo
4. Origen universal
5. Nacimiento del yo
1. El yo o identidad propia, el movimiento y el tiempo
Cuando describo al yo de cualquier tipo de existencia, no me refiero solo al yo humano, ya que considero que todo lo que existe posee una identidad propia que podría equivaler a un yo, aunque no sea humano. Y así de esa manera equiparo como yo a todo lo existente, aunque la materia no tenga realmente un yo viviente, pero sí que posee un yo material.
Einstein dijo que todo en el espacio se mueve, que nada está quieto. Que todo es dinamismo, también lo decía el ilustre Xavier Zubiri.
Todo, absolutamente todo en el universo, desde lo más pequeño posible hasta lo más enorme, se mueve. En la materia más sólida y quieta, dentro de ella microscópicamente todo se mueve.
2. No todo lo que se mueve posee tiempo
Pero además de que todo se mueve, todo movimiento tendría que llevar unido el tiempo, ya que cualquier cosa que se mueva, por muy grande o pequeña que sea, necesitaría un tiempo desde el que inicia el movimiento hasta que lo acaba.
Eso pensaba yo, hasta que me di cuenta de que no es así. Solo existe el tiempo si todo está ordenado como tiempo; esto únicamente sucede en el espacio-tiempo. Que es donde las existencias se pueden atraer entre sí al ritmo expansivo y transformarse rítmicamente. A esas transformaciones se les llama evolución y al ritmo transformativo se le llama tiempo.
Dentro de ese orden transformativo del espacio-tiempo, que es el espacio intergaláctico, cualquier existencia puede variar su ritmo o tiempo temporalmente según altere sus movimientos, pero no dejará de ser tiempo, porque nada en este espacio puede dejar de existir como tiempo. Separarse como tiempo significa dejar de existir en este espacio, y volver a pertenecer al orden repulsivo como esencia repulsiva.
El resto del cosmos que no es espacio-tiempo, es un espacio de esencias repulsivas semejantes entre sí, que no conllevan el tiempo porque no se atraen entre sí, pero también es un orden y el que hizo posible que existiera el espacio-tiempo.
Las esencias repulsivas de la expansión global se multiplican de sí mismas instantáneamente, porque en este espacio no existe el tiempo ni las dimensiones. Ahí todo es repulsión, y eso no permite un compuesto atractivo de existencias que se atraigan entre sí.
3. El universo surgió como orden repulsivo
Debido a que todo era la nada y esta era un perfecto orden como nada, de este orden sin fin surgió una tendencia al orden originando así el cosmos. Una forma de surgir que no era existencia real.
El cosmos surgió como orden repulsivo. Surgió así porque surgió de la nada y no existía la atracción entre existencias porque no existía nada. Por eso esa tendencia solo podía ser repulsiva.
Ese surgimiento que originó el universo estaba obligado por el orden de la nada a continuar siendo orden sin fin. Se originó como movimiento, pues era la única forma de surgir como inexistencia.
O sea, que de la nada surgió la primera esencia dinámica ante la necesidad del orden sin fin de la nada de proseguir con ese orden fin.
Cuando nació esa tendencia en forma de esencia dinámica, ya no podía dejar de existir, porque no existía nada que se lo impidiese. No era existencia real, sino una tendencia de la nada con el más mínimo movimiento posible. Que solo podía ser movimiento en sí mismo, o sea rotatorio, porque fuera estaba la nada que no se podía ocupar, ya que la nada no existe.
Esa esencia dinámica, con su movimiento sin fin inducido por el orden sin fin de la nada, estaba obligada a mantener ese orden sin fin lo máximo y mejor posible, puesto que no existía nada más que esas opciones. Debido a ello, esa esencia no tenía más remedio que crecer como orden; pero crecer no podía porque todo a su alrededor era la nada. Por tanto solo podía duplicarse sin fin, pero dentro de sí misma como si fuese un agujero negro.
Cada esencia de movimiento que surgía de esa esencia rotatoria, tenía que ser semejante a ella, las cuales también tendrían que duplicarse sin fin. Eran duplicaciones internas porque fuera estaba la nada que no se podía ocupar, adaptándose todas a un mismo espacio repulsivo, puesto que no existían las dimensiones.
Como no existía nada, se multiplicaron instantáneamente sin fin, formando así un gran universo dinámico en menos de un instante. Como no existían las dimensiones, por eso no podía ser un gran universo. Era un cosmos expansivo repulsivo expandiéndose hacia dentro como si fuese un agujero negro.
A medida que se multiplicaban sin fin, crecía el espacio interno donde se alojaban, crecía como agujero negro.
Únicamente podían ser esencias repulsivas porque nacían de sí mismas en la nada. No tenían más remedio que unirse todas expandiéndose repulsivamente, porque no existía nada más que ellas.
Gracias a este orden dinámico expansivo repulsivo sin fin se creó el espacio-tiempo, donde existía el tiempo, la evolución, las dimensiones, la materia, la vida, el alma, etc. El cual nos hace parecer que existen las dimensiones y que todo se expande hacia lo grande, pero no es así, todo se expande hacia lo pequeño, como si fuese una expansión interna dentro de un agujero negro.
El tiempo transcurre sólo en el espacio-tiempo, porque aquí existe el orden evolutivo, o llámese orden transformativo, que es donde se hace realidad la transformación ordenada de algo. Esa transformación permite una medida transformativa llamada tiempo.
En el resto del cosmos, al no poderse transformar nada, porque ahí nada se puede atraer entre sí, el tiempo no puede existir.
4. Origen universal
Esa primera esencia dinámica que surgió de la nada y que originó el cosmos tendría que mantenerse siempre moviéndose para poder existir, porque si dejase de moverse el más mínimo instante, se extinguiría, no solo ella, sino todo el universo, porque ella ya era el universo.
El cosmos es una masa compuesta de dinamismo que no cesa de moverse al mismo tiempo que crece sin fin, lo cual significa que es un orden dinámico. Y además, todo se tiene que mover esféricamente porque todo se mueve rodeado por la nada.
De esa forma, rodeado por la nada, solo se puede mover algo si este algo se mueve girando sobre sí mismo. Es decir, rotando sobre sí mismo.
Algo que esté rodeado por la nada no se puede mover de forma rectilínea, o de manera desordenada, porque se lo impediría la propia nada. La única forma de no traspasar la nada es rotando todo sobre sí misma.
Esa forma de moverse en la nada obligaba a esa esencia a moverse rotatoriamente de la manera más perfecta posible, equivalente a moverse de la manera más ordenada posible. Esa tendencia inducida al orden sin fin produjo un cosmos con esa tendencia.
Se podía multiplicar sin fin porque no existía el tiempo y nada se lo podía impedir. Cada vez que crecía el cosmos a través de la multiplicación de sí misma de esas esencias dinámicas, todo se adaptaba al mismo tamaño que le proporcionaba ese espacio, puesto que no existían las dimensiones. De esta forma cada copia surgía sin tamaño y el espacio que las unía tampoco tenía tamaño.
El espacio-tiempo nos hace parecer que el universo es grande y se expande exteriormente, pero es todo lo contrario, pues en el espacio oscuro no existen los tamaños ni el tiempo.
5. Nacimiento del yo
De ese origen universal nació el primer yo, que es, como decir que nació la primera identidad propia. Todo lo que se crea en el cosmos adquiere un inevitable yo o identidad propia, ya que surge como existencia dinámica que ocupa su propio espacio, que no puede ser invadido por otra existencia.
Esas esencias dinámicas repulsivas pueden existir como movimiento aunque no sean existencias reales, pues el movimiento no sufre desgastes. Además se expanden cada vez más debido a la multiplicación sin fin de sí mismas y a que no existe nada que se lo impida.
Ese constante movimiento rotatorio que posee la expansión universal se debe a la presión inducida por la nada que rodea al cosmos, ya que la nada impide que nada salga externamente.
A medida que van naciendo las esencias repulsivas de la nada, saturan constantemente de esencias un mismo espacio dinámico.
Al ser cada vez más expansivo el universo, mayor sería la multiplicación de dichas esencias dinámicas. Es una forma engañosa de existir, porque esa grandeza universal no es una grandeza real, es una grandeza dinámica.
Adquiriendo cada una de esas esencias dinámicas su propia identidad propia; puesto que nacen con su propio espacio indivisible que no puede ser ocupado por ninguna otra esencia.
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Autor: Salvador Sánchez Melgar

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