La ciencia no lo puede descubrir todo

Existen muchos misterios sin resolver que nunca la ciencia podrá descubrir, temas como por ejemplo qué es la nada y quién es Dios. Solamente a través del pensamiento se podrán descubrir esos misterios ocultos.

jueves, 9 de agosto de 2018

Futuro



Ser evolutivo del futuro
El futuro es evolucionar cada vez más. Pixabay


El futuro está escrito







Existen dos universos en uno


Existen dos universos en uno, el espacio universal expansivo y el espacio universal gravitatorio donde vivimos, el cual está compuesto de existencias compuestas donde las existencias se componen y se descomponen constantemente porque se atraen entre sí. Gracias a eso, en este espacio universal existe el movimiento entre existencias y su correspondiente tiempo. 

El universo expansivo es el constituido por existencias dinámicas más pequeñas posibles que se repelen entre sí. Debido a esas repulsiones mutuas entre existencias, éstas no pueden formar la existencia compuesta, el movimiento entre existencias ni su correspondiente tiempo.

Gracias a los constantes nacimientos instantáneos sin fin de esas existencias dinámicas repulsivas más pequeñas posibles, en ese espacio repulsivo se ha generado una gran repulsión energética. Espacio repulsivo expansivo que comprende el aproximadamente 95% del universo. Expansión repulsiva que se expande y crece instantáneamente sin fin provocando los nacimientos continuos de estrellas.






El futuro es el orden universal
El futuro. Pixabay

El futuro


El futuro es el transcurrir dinámico ordenado de la existencia de lo que falta por transcurrir. Es decir que el futuro es la sincronización dinámica del tiempo que está por llegar, pero también el pasado y el presente pertenecen a esa misma sincronización dinámica del tiempo.

El futuro, no sólo es un por llegar es también un inevitable llegar, por tanto el futuro sin existir existe porque irremediablemente se ha de llegar a el.

Si el transcurrir dinámico ordenado de las cosas que existen en nuestro espacio galáctico transcurriesen de manera independientes unas de otras, la existencia sería un desorden. Como prueba está el gran orden impuesto por el tiempo en nuestro espacio galáctico donde vivimos. Tiempo que induce a que la existencia se sincronice adecuadamente.

Y gracias a ello toda la existencia se atrae entre sí y se transforma constantemente como existencia compuesta, y así una y otra vez sin fin, ya que los electrones, átomos o partículas más pequeñas permiten esas transformaciones, con sus atracciones y movimientos continuos. Lógicamente una piedra tendrá una transformación más lenta pero otras materias las tendrán más rápidas.

La atracción de toda la existencia entre sí no permite que las existencias se transformen de manera independiente unas de otras.

Esa atracción entre existencias compuestas induce a que toda las existencias compuestas se atraigan entre sí, se mezclen y se transformen al mismo ritmo transformativo, a un mismo ritmo sincronizado llamado tiempo.

Con un desorden en el transcurrir dinámico del tiempo cada existencia evolucionaría a un ritmo diferente, con lo cual nuestro espacio galáctico dejaría de existir y también el tiempo. Hay que tener en cuenta que sólo existe el tiempo en los espacios galácticos. En el espacio expansivo, que es el formado por la energía oscura, allí no existe el tiempo, ya que sus existencias son repulsivas y no se pueden unir entre sí, con lo cual no se pueden sincronizar entre sí, y eso impide que exista el tiempo. No obstante, ese espacio expansivo repulsivo no deja de ser un orden aunque sea un orden expansivo repulsivo.


No existe el presente


Existe el futuro y existió el pasado pero no puede existir el presente, ya que el presente lo representan las existencias compuestas que se transforman constantemente y eso impide que las existencias se puedan parar para justificar que existen en el presente.

Encontrar un presente en cualquier existencia sería frenar instantáneamente su existencia formada por infinidades subatómicas de existencias. Nada puede pararse, ya que todo se mueve, incluso las existencias más pequeñas posibles.

El presente no es un presente real, pero es un  presente que funciona como presente puesto que es el presente de las existencias compuestas en movimiento que no pueden dejar de moverse. Por eso el presente es un lapsus de tiempo que siempre se transforma.


Lo importante sucederá, no se podrá cambiar


Existen infinidades de hechos de inferior importancia que aunque se cambiasen por otros hechos, todos los hechos conducirían al mismo destino final, como los ríos que van al mar.

Solamente los hechos más importantes no se pueden cambiar porque cambiar esos hechos podría suponer cambiar el destino final, o sea cambiar el futuro.

Que más le da al universo que una persona haga esto u lo otro, u muera antes o después, si somos un granito de arena en un universo tan infinitamente grande.

Si al final todo sucederá como tiene que suceder, al final todos los planetas se extinguirán con sus respectivos soles, y mientras eso sucede nacerán muchos más soles con sus respectivos planetas, muchos de ellos podrán albergar vida.

Al universo no le supone ni le influye en nada nuestra trayectoria viviente, como tampoco le supone nada otra trayectoria viviente de otro planeta universal que pueda albergar vida. Ya que existen infinidades de planetas que albergan vida. Además el futuro final será el mismo para todos los planetas, sus extinciones.

Cada persona vivirá su presente como quiera y como pueda. Pero viva como viva los hechos más importantes, que necesariamente tienen que suceder, no los podrá cambiar nadie porque intentar cambiarlos supondría ir en contra de la evolución viviente normal, de la evolución de la jerarquía de almas y del orden universal.

Cambiar los hechos más importantes de una sola vida, podría  producir un efecto dominó que podría hacer cambiar el futuro de muchas vidas. Por eso los hechos más importantes que irremediablemente nos han de suceder no se podrán cambiar.

Además esos hechos tienen que suceder, ya sea como premio o como castigo de otros hechos relacionados con esos hechos. Todo está destinado a evolucionar mediante la justicia inducida por la jerarquía de almas.

El futuro de la vida es como un río, por muchos caminos distintos que se escojan al final el futuro final será llegar al mar.

El orden universal  no piensa porque no es una persona ni un Dios,  no puede saber qué nos pueda suceder, su tendencia es mantener el orden universal.






El futuro universal
El futuro. Pixabay


Futuro somos todos


Todos pertenecemos a una jerarquía de almas, y debemos evolucionar conforme evoluciona ese orden formado por todas las vidas y sus correspondientes almas.

Ninguna individualidad viviente, ni nada del universo, pueden cambiar los hechos más importantes que puedan afectar a la evolución normal de la jerarquía de almas. Ya que eso sería cambiar el orden evolutivo universal. Y ni el propio orden universal lo podría cambiar porque sería todo un desorden que destruiría la razón de ser del universo. 

Como el futuro no se puede cambiar,  todos pagaremos nuestros pecados o nos beneficiarnos de nuestras buenas obras en otras vidas.

Hechos importantes serían por ejemplo sucesos que pudiesen cambiar la trayectoria normal de una comunidad viviente, o cambiar las fechas de nuestras inevitables muertes.

Las civilizaciones extraterrestres muy avanzadas seguramente sabrán lo que les deparará a ellos en el futuro, porque tendrán los medios adecuados para eso. Pero no podrán modificar el futuro porque eso significaría modificar el presente donde viven, o sea modificar su orden universal.

Las almas más evolutivas saben lo más importante que nos podrá suceder en el futuro, ya que poseen una sabiduría infinita, pero no pueden cambiar ningún futuro.

Vivimos un orden dentro de un orden dentro de otro orden que es el orden universal, todos los órdenes están inducidos por el mismo orden universal. Todos los caminos conducen al mismo futuro universal.


No podemos viajar al futuro


No se puede viajar al futuro porque éste está por llegar, pero sí que se podrá viajar al pasado como observador, porque todo lo sucedido y lo que nos suceda quedará registrado como información.

No se podrá modificar el pasado que hemos vivido porque ya lo hemos vivido.

El propio orden universal nos impide modificar nuestro presente si eso significa modificar nuestro futuro. Eso no significa que no podamos actuar y evolucionar libremente.

Evolucionamos libremente influyendo en nuestra propia evolución  pero sin poder modificar los hechos más importantes que puedan modificar el transcurrir normal del orden de la evolución normal.

O sea que si somos más o menos bondadosos o más o menos malvados, es por culpa de nuestra propia libre actuación. Y pagaremos o seremos premiados por ello. Pero eso no es modificar el futuro, ya que nuestra libertad de acción es individual y pagaremos o seremos premiados por nuestras acciones individuales. O sea, que nuestras acciones individuales nos obligan a evolucionar cada vez más, y eso es el futuro, evolucionar sin fin.

No todas las acciones que hagamos la hacemos con total libertad, muchas de las acciones que hacemos nos vemos inducidos a hacerlas. Y estamos inducidos a hacerlas porque no se puede cambiar el futuro, ya que esas acciones, aunque no lo parezcan, pueden ser importantes para llegar a otras acciones importantes, a lo mejor no para nosotros pero sí para otras personas.  






El futuro pertenece a un orden
El Cosmos es el futuro. Pixabay

Somos libres de elegir el presente pero no el futuro final


Aunque existan muchos caminos distintos que podamos escoger libremente para llegar a la meta evolutiva. Según el camino escogido, tardaremos más  o menos en evolucionar.

Siempre el final de nuestra evolución viviente, después de vivir muchas vidas diferentes, será esa meta evolutiva en la que estaremos libres de sufrimientos. Esa meta es llegar a ser un alma que no se reencarnará más.

A esa meta se llegará después de muchas reencarnaciones que nos ayudarán a evolucionar cada vez más como alma.

Después de muchas reencarnaciones, unos evolucionarán más y otros no.

Los más obstinados en no evolucionar, porque quizás crean que vivir la vida es disfrutarla al máximo a costa de lo que sea,  tardarán más en llegar a esa meta evolutiva. Por tanto sufrirán más porque necesitarán reencarnarse más veces para poder evolucionar más.

El orden evolutivo viviente, nos obliga a evolucionar como vida pero también como alma.






El sueño y su sincronización con el tiempo
Dormir es ordenarse. Pixabay

Cuando dormimos nos ordenamos


Cuando dormimos además de descansar mediante los sueños, el orden evolutivo universal nos induce a que inconscientemente nos adaptemos más al orden evolutivo normal universal, tanto psíquica como físicamente. Esto sucede porque actuamos libremente, y a veces nos desordenamos un poco, por eso nos debemos ordenar adecuadamente cuando dormimos.

Dormir nos ayuda a que nos adaptemos adecuadamente al orden evolutivo normal universal, a aprender de lo que hemos hecho mal o de lo que hemos hecho bien.

El orden universal aprovecha nuestro estado de somnolencia profunda para estabilizar nuestro orden adaptándolo al orden evolutivo universal más adecuado.

Esta forma de controlar nuestro orden también lo experimentan, en más o menos medida, todos los demás seres vivientes no humanos.

Se nos ha posibilitado del poder dormir, además de para descansar, para controlar y estabilizar mejor nuestro orden conforme al orden universal.



Dormir es sincronizarse adecuadamente con el tiempo


Dormir es sincronizarse con el tiempo adecuadamente. Ya que la libertad de acción que posee la vida hace que tratemos de desincronizarnos constantemente al tiempo, pero no porque nosotros queramos sino porque esa libertad de acción nos obliga a ello.

Pero, aunque queramos desincronizarnos del tiempo no podemos porque el tiempo está sincronizado en todo. No obstante, como todo lo viviente pertenecemos también a la sincronización del orden del tiempo, necesitamos desconectar esa libertad de acción o desincronización del tiempo para sincronizarnos adecuadamente con el tiempo. ¿Y como lo hacemos?: que mejor desconexión de esa libertad de acción adaptándonos momentáneamente a una quietud de acción,  tanto física como psíquica, como es el dormir. 

 
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