El tiempo irreal


La evolución inteligente sin fin

        evolucioninteligentesinfin El tiempo no es real



Existen dos clases de tiempos, el real y el irreal. El tiempo real es el dinámico, el que sincroniza dinámicamente todo lo existente. El otro tiempo, el inventado, es el que usamos frecuentemente para una mejor convivencia; por ejemplo, el tiempo medido que nos ofrecen los relojes, los calendarios o los termómetros. La humanidad llegó a un estado evolutivo que necesitaba medir al propio tiempo, necesitábamos ponerle edad a las cosas; entonces se llegó a inventar  los primeros instrumentos para medir el tiempo. Ese tiempo que desde entonces se mide, es irreal. Lo que no es real como tiempo  son las medidas de tiempo que suelen ser utilizadas cotidianamente como tiempo, sin darnos cuenta de que no son reales. Y aunque esas medidas de tiempo, sean unas medidas adecuadas para medir el tiempo, eso no significa que esas medidas sean el tiempo. Debido a ese tiempo irreal con el que convivimos; vivimos con dos tiempos distintos: el verdadero y el irreal. Las horas de un reloj no son el tiempo real; los grados de frío o de calor no son el tiempo real; los días del calendario no son el tiempo real; los siglos o los milenios no son el tiempo real; todo eso son medidas de tiempo, el verdadero tiempo es el transcurrir dinámico de todo lo existente.

Los animales viven casi totalmente en el presente, apenas piensan en el pasado ni en el futuro; entre otras cosas porque no tienen la capacidad de pensar humana.   Los animales, no perciben las medidas de tiempo como la percibimos nosotros, porque para ellos no existen medidas de tiempo.

Nuestra forma de vivir, hace que nos hayamos creado un tiempo ficticio, en el que también el pasado, el presente y el futuro son utilizados como medidas de tiempo. El pasado no existe como tiempo, pero sirve para reforzar nuestra propia evolución; el presente no existe porque no le da tiempo a existir y el futuro tampoco existe porque todo lo que suceda en el futuro está por suceder. Pero tanto el pasado, el presente y el futuro lo utilizamos frecuentemente, consciente e inconscientemente,  porque lo necesitamos para poder vivir mejor.

Einstein dijo que si alguien viajaba a la velocidad de la luz envejecería menos. Ya antes de la época de Einstein se descubrió que a mayor velocidad mayor deformación sufriría la materia. Es posible que el tiempo y el dinamismo estén muy relacionados con la velocidad. Pero la velocidad no es propia del dinamismo ni del tiempo, la velocidad existe porque evolutivamente se ha creado un tipo de existencia que puede adquirir cierta velocidad. La velocidad expansiva no es una velocidad propia del dinamismo expansivo universal, sino que es una velocidad adquirida gracias al empuje permanente de una constante  saturación universal de movimientos individuales en movimiento; cuyos movimientos internos rotan constantemente en sí mismo en una misma dirección esférica expansiva. Tantos empujes a la vez, y cada vez más, hace que esa unión universal adquiera ese movimiento rotativo en una misma dirección. Al nacer continuamente  infinidades de dichos espacios dinámicos individuales, que se mantendrán eternamente en movimiento, cada vez  empujarán  inductivamente más al universo en una única dirección esférica. Esos nacimientos dinámicos individuales, carecen de velocidades expansivas externas, sólo disponen de velocidades expansivas internas  propias rotando internamente en una misma  dirección esférica. Al ser cada vez más numerosas las cantidades dinámicas individuales que unidas forman un universo dinámico cada vez mayor; crean una tendencia dinámica universal cada vez mayor, tendente a moverse esféricamente  hacia una misma dirección esférica.

Desde que evolutivamente se empezó a pensar mínimamente,  se comenzó a evolucionar psíquicamente. En esos orígenes nacerían las pausas psíquicas humanas gracias a la convivencia diaria, en la que era inevitable que el pensamiento humano se adaptase a un ritmo viviente adecuado; para así poder memorizar y pensar convenientemente. En las necesidades diarias humanas por la supervivencia, se memorizaba cada vez más, se memorizaba por ejemplo: donde estaban los alimentos, donde estaban los enemigos; donde estaban los caminos para buscar los alimentos o para huir de un peligro y un largo etcétera de vivencias. Todo eso nos obligaba poco a poco,  a adaptarnos a un tiempo ficticio, creado así evolutivamente; porque mucho de lo que se hacía se hacía conforme a unas pautas repetitivas y a unos tiempos inventados; lo cual nos obligaba a adaptarnos también físicamente a ese tiempo ficticio. Tanto hemos adaptado el tiempo ficticio al tiempo real, que a la humanidad le costaría mucho adaptarse a vivir sin ese tiempo ficticio.

En general, lo que heredamos, física y psíquicamente, de nuestros antepasados a través de los genes; nos lleva también a heredar unas ataduras con el pasado que además nos previene para vivir el presente que vivimos y el presente que vamos a vivir. Todo esto nos adapta a vivir  el tiempo real con el tiempo irreal, con lo cual, nos creamos subconscientemente un tiempo inexistente y lo hacemos parecer real; y aún parece ser más real al generalizarse ese tiempo irreal en todas las personas.

Autor: Salvador Sánchez Melgar
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