Todo es un orden





La evolución inteligente sin fin


Todo es una jerarquía

Como todo es un orden, todo lo que existe en el universo se mantiene como una ordenada formación universal; orden que posibilita que existan existencias  muy similares entre sí; existencias como las infinidades de estrellas y planetas que existen, con constituciones, formas, rotaciones, materiales y energías muy parecidas entre sí.

No hace falta mirar al cielo para ver que todo el universo es un completo orden, ya se ve en todo lo que existe en la Tierra. No nos damos cuenta de ello porque nosotros mismos formamos parte del mismo orden dinámico universal, en el que todo se crea de una manera muy similar.

Aunque las vida de un planeta que disponga de vida evolucione de manera diferente a la vida de otro planeta que también disponga de vida; no existirán muchas diferencias entre unas evoluciones y otras porque todas nacen con las mismas reglas evolutivas dinámicas inducidas por el orden dinámico evolutivo  universal.

La evolución viviente sólo puede evolucionar como evolución inteligente. Y esa evolución inteligente  únicamente puede evolucionar mediante una jerárquica unión viviente, llámese árbol genealógico u orden viviente. No es que el orden dinámico universal haya buscado  inteligentemente una forma que le permitiese poder evolucionar su propia inteligencia sin cesar; es que es inevitable que la inteligencia evolucione sin fin porque el propio Cosmos, como orden que es, necesita evolucionar sin fin su propio orden, buscando los inevitables y únicos caminos para ello, ya que la tendencia a la evolución inteligente sin fin era inevitable. Por eso mismo, el orden dinámico universal, no tenía otra opción que la de encontrar el único camino evolutivo en el que la evolución inteligente pudiese evolucionar sin fin, y ese camino era el  de la vida, y para ello tuvo que crearla inductiva evolutivamente, posibilitando la creación de planetas que posibilitasen las condiciones adecuadas para que surgiese la vida. Ese es el caso de nuestro planeta y de infinidades de planetas que existirán con parecidas condiciones vivientes que las nuestras.

La evolución jerárquica viviente sólo permite que una única especie viviente pueda evolucionar psíquicamente sin fin, la humana;  aunque  necesariamente también evolucione como alma. Existe una evolución jerárquica de las almas unida jerárquicamente  a la evolución jerárquica viviente;  ya que la jerarquía viviente no podría evolucionar sin ser controlada por otra  jerarquía superior, la de las almas.

Por mucho que se investigue del porqué el ser humano es más inteligente que los demás seres vivientes y cómo y  cuando pudo evolucionar; como si los seres humanos fuésemos únicos y no formásemos parte de una jerarquía viviente. Tarde o temprano se descubrirá que formamos parte de una única evolución inteligente viviente, que por el bien de la evolución inteligente, no tuvo más remedio que evolucionar jerárquicamente. Y eso obligaba a que existiese sólo una única especie viviente que pudiese evolucionar psíquicamente más que las demás. Por eso surgió la especie humana, surgimiento que llevaba incubándose desde los mismos orígenes vivientes. Por eso también, desde esos mismos orígenes vivientes, inevitablemente siempre una especie viviente evolucionaba inteligente más que las otras; ya que la inteligencia evolutiva no podía evolucionar de otra manera.

Esa forma jerárquica de evolucionar hacia una evolución inteligente sin fin, a través de una única especie viviente, ha beneficiado y  beneficia a todos los seres vivientes en general; porque todos los seres vivientes tienen la posibilidad de evolucionar a través de las almas.

Qué pasaría si en vez de una, fuesen varias las especies vivientes que al mismo tiempo evolucionasen psíquicamente sin fin; pues que evolutivamente acabarían uniéndose hasta adaptarse a formar parte de una única especie viviente parecida a la humana,  ya que la manera ideal de evolucionar psíquicamente sin fin es poseyendo las formas psíquicas y físicas humanas. Una hipotética lucha viviente por encabezar la evolución inteligente,  en la que hubiesen constantes guerras entre especies vivientes, tanto a niveles de vida como de almas;  perjudicaría a la propia evolución inteligente; y eso el orden dinámico evolutivo universal no lo permitiría. Qué pasaría si una microscópica especie viviente tuviese la posibilidad de evolucionar psíquicamente sin fin como los seres humanos; dejarían evolutivamente, poco a poco, de ser seres microscópicos, ocupando poco a poco escalas jerárquicas superiores. Con lo cual, poco a poco, evolucionarían pareciéndose cada vez más al ser humano; hasta llegar a formar una especie semejante a la humana, que  es la forma psíquica y física más conveniente que existe en la que un ser viviente pueda evolucionar psíquicamente sin fin.

No solamente la vida en general evoluciona conforme a la evolución jerárquica viviente; es también a través de las almas de todos los seres vivientes  donde se posibilita la adecuada evolución viviente. Conforme a eso,  todos los seres vivos, sin excepción, pueden evolucionar más de lo que son, o mantenerse como son, nunca evolucionarán menos de lo que son; ya que la evolución universal nunca involuciona. Los posibles injusticias causadas conscientemente por ciertos seres humanos, lo pagarán con justicia, seguramente después de morir; quizás manteniéndose sus almas libres de cuerpo el tiempo necesario para que así puedan purificar sus conciencias; o permitiéndoles nacer de nuevo en su entorno familiar, para así incitarles a que traten de emendar sus errores; o bien permitiéndoles la oportunidad de poder compensar en vida  las injusticias que causaron conscientemente en otra vida, con las posibles buenas acciones que pudiesen realizar también conscientemente. Todo es mucho más complejo que lo expuesto, pero todo está perfectamente controlado jerárquicamente por las almas. Ese control es una especie de justicia impuesta jerárquicamente, por eso es la mejor justicia porque todo lo vivo pertenece y es la misma jerarquía.

La jerarquía de las almas ha evolucionado mucho, ya que además de evolucionar independientemente, ha adquirido todos los conocimientos de todas las civilizaciones universales a través de las almas.

Todo lo que nace en el Cosmos como individualidad dinámica está obligado a nacer con un yo individual, ya que todas las individualidades dinámicas nacen con su espacio propio, individual e indivisible. Todo en el Cosmos es una saturación de individualidades dinámicas o yos individuales unidos a los yos compuestos que evolutivamente forman existencias más o menos densas y variadas.

Todo tipo de existencias son composiciones evolutivas de yos, ya sean formadas naturalmente como por ejemplo una montaña o una piedra o las construidas como pueda ser una silla o un vehículo.  Las existencias vivientes son existencias evolutivas mixtas compuesta de yos materiales y de yos psíquicos. Composiciones vivientes controladas por la jerárquica unión viviente, que a su vez está controlada por la jerarquía de yos psíquicos o llámense almas.

Qué casualidad que entre tantas especies diferentes de seres vivientes que existen, sólo el ser humano es capaz de evolucionar psíquicamente sin fin. Qué casualidad que la mejor forma de poder adaptarse la inteligencia a la evolución inteligente sin fin es de la forma humana. Qué casualidad de que además, el ser humano posea los cinco sentidos completos y los tenga situados en los lugares más idóneos para poder evolucionar psíquicamente sin cesar de la forma más adecuada. Todas esas casualidades se achacan a que surgieron en el hombre casualmente o a que el hombre ha convivido múltiples vivencias, experiencias, coincidencias, etc. como si ninguna de las demás especies vivientes no hubiesen experimentado también múltiples vivencias, experiencias, coincidencias, etc. Tantas casualidades es para sospechar que el ser humano no ha surgido casualmente, ha surgido y evoluciona psíquicamente sin fin porque la jerarquía viviente así se lo ha permitido. No nos damos cuenta de que los humanos vivimos el tiempo ideal para poder evolucionar inteligentemente sin fin y para poder vivir inteligentemente porque estamos designados a ser seres inteligentes. Tantas casualidades me hacen sospechar que el ser humano es un producto evolutivo evolutivamente creado por la jerarquía viviente gracias a que el orden evolutivo dinámico universal así se lo ha posibilitado; y que a su vez se ha creado así porque la evolución inteligente no podía evolucionar sin fin de otra manera. Y esa misma evolución no será muy diferente en todos los planetas del universo donde pueda surgir la vida.




 Autor: Salvador Sánchez Melgar
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